Red eléctrica en tensión: especialistas llaman a fortalecer la preparación energética en México
- Noticias Apyt
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El riesgo de cortes de energía en México dejó de ser un escenario remoto. La creciente dependencia del gas natural importado, la presión sobre la infraestructura eléctrica y la frecuencia de fenómenos climáticos extremos han colocado el tema en el centro del debate energético y económico del país.
México genera una parte importante de su electricidad con gas natural proveniente de Estados Unidos, lo que convierte al suministro transfronterizo en un elemento crítico para la estabilidad del sistema. Cuando ese flujo se interrumpe, las afectaciones se reflejan de inmediato en apagones, cortes programados y riesgos operativos para sectores estratégicos.
El episodio más recordado ocurrió en febrero de 2021, cuando una tormenta invernal en Texas congeló gasoductos y pozos de producción, frenando el envío de gas hacia México. La consecuencia fueron apagones en el norte del país, interrupciones en al menos 12 estados y pérdidas económicas superiores a los 20 mil millones de pesos, además de un aumento abrupto en el precio del gas natural.
Ese evento marcó un antes y un después en la conversación sobre resiliencia energética. En Texas, la falta de electricidad derivó en fallas en el suministro de agua y daños estructurales en miles de viviendas. Diversos análisis coinciden en que una parte de esas pérdidas pudo haberse mitigado con sistemas de energía de respaldo.
Desde entonces, los fenómenos climáticos extremos —tormentas invernales, huracanes, granizadas e incendios forestales— se han vuelto más frecuentes e intensos, mientras que la preparación ante apagones sigue siendo limitada. En muchas regiones, las medidas preventivas solo se adoptan después de enfrentar una interrupción prolongada del servicio.
La vulnerabilidad aumenta durante el invierno, especialmente en zonas que no están diseñadas para soportar temperaturas bajo cero por periodos extendidos. En estos casos, la falta de electricidad se convierte en un problema de seguridad, habitabilidad y continuidad operativa.
“Más allá del impacto técnico, un corte de luz tiene consecuencias directas en la economía, en la operación de las empresas y en servicios esenciales como telecomunicaciones, centros de datos, hospitales y sistemas de emergencia. En un país altamente digitalizado, quedarse sin electricidad implica también perder conectividad e información”,
señaló Fernando Velasco, director general de Generac México.
Especialistas coinciden en que el reto ya no es solo evitar apagones, sino fortalecer la capacidad de respuesta cuando ocurren. La pregunta central es qué tan preparados están los hogares, las empresas y las industrias para seguir operando cuando la red eléctrica falla.
A nivel internacional, la preparación ante cortes de energía se ha convertido en una prioridad. El cambio climático, el aumento de la demanda eléctrica y redes cada vez más exigidas han llevado a que la energía de respaldo deje de ser una reacción ante emergencias y se convierta en una estrategia preventiva vinculada a la competitividad y la continuidad operativa.
“Contar con sistemas de respaldo permite mantener operaciones críticas, reducir pérdidas económicas y proteger infraestructura clave. Para industrias, comercios y organizaciones públicas, anticiparse a los apagones ya no es opcional; es una decisión estratégica”,
añadió Velasco.

En el ámbito residencial, un apagón no solo implica quedarse sin luz: afecta la conectividad, la seguridad del hogar, la conservación de alimentos y el funcionamiento de equipos esenciales. Por ello, especialistas subrayan la importancia de contar con soluciones automáticas que mantengan operativas las funciones básicas cuando falla la red eléctrica.
La conversación sobre resiliencia energética en México continúa creciendo. Frente a un panorama de riesgos cada vez más evidentes, la preparación se perfila como un elemento clave para proteger hogares, empresas e infraestructura crítica.


























