Importancia de reforzar el manejo seguro de la insulina en niñas, niños y adolescentes
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- hace 11 horas
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La región de Norteamérica y el Caribe —incluido México— concentra el segundo mayor número de personas con diabetes tipo 1 (DT1) en el mundo, con 1.9 millones de casos. En el país, para 2024 se estimaban 122,731 niñas, niños y adolescentes de 0 a 19 años viviendo con esta condición, de acuerdo con la Federación Internacional de Diabetes.

En el marco del Día Mundial de la Salud y el Día del Niño, especialistas llaman a visibilizar la DT1 en población pediátrica y a fortalecer las prácticas de manejo seguro de la insulina, un componente esencial para garantizar un adecuado control glucémico y favorecer el desarrollo integral.
Mariana Buss, PhD, gerente médica para embecta™ Latinoamérica, explica que
“la diabetes tipo 1 es una condición crónica autoinmune que suele diagnosticarse en edades tempranas, aunque puede darse en cualquier momento de la vida. En estos pacientes, el cuerpo deja de producir insulina, por lo que su administración diaria es indispensable para regular los niveles de glucosa en sangre”.
La especialista subraya que la técnica de aplicación es determinante:
“Más allá del tratamiento en sí, la práctica de administración de la insulina puede influir en el control glucémico y estabilidad metabólica, el crecimiento y desarrollo físico y la calidad de vida de quienes viven con esta condición”.
Técnica correcta de inyección: un aspecto crítico del tratamiento
Guías clínicas internacionales como FITTER destacan que la técnica adecuada de inyección es un elemento fundamental, aunque frecuentemente subestimado. Entre sus recomendaciones se encuentran:
Agujas de pluma de 4 mm, consideradas las más seguras para niñas y niños, ya que reducen el riesgo de inyecciones intramusculares. En menores de 6 años deben aplicarse perpendicularmente en un pliegue de piel. “Las agujas de pluma de 4 mm son las más seguras para los niños, ya que evitan las inyecciones intramusculares”, señala el documento.
En adolescentes, la longitud anatómicamente apropiada para agujas de jeringa es 6 mm, siempre utilizando un pliegue de piel.
Rotación sistemática de los sitios de inyección entre abdomen, muslos, brazos y glúteos para evitar lipodistrofias que afecten la absorción de insulina.
Evitar la reutilización de agujas y jeringas, ya que su deterioro incrementa el dolor y favorece alteraciones en la piel.
Almacenamiento adecuado: refrigeración previa (sin congelar) y conservación a temperatura ambiente controlada una vez abierta.
Revisar y perfeccionar la técnica de manera periódica puede marcar una diferencia significativa en la eficacia del tratamiento durante el crecimiento.

Buss enfatiza la importancia del acompañamiento profesional:
“Dado que cada paciente presenta características y necesidades particulares, resulta fundamental la supervisión y orientación de profesionales de la salud. Cuando la técnica de administración se realiza correctamente, puede mejorar la absorción de la insulina y reducir la variabilidad glucémica. En la infancia y adolescencia, además, es clave fomentar hábitos adecuados desde etapas tempranas, a través de una educación continua, acompañamiento y construcción de confianza”.













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